Obesidad infantil

Actualizado: jul 29

La obesidad infantil en el niño y en el adolescente es uno de los problemas clínicos más frecuentes en los países desarrollados. La mejoría del nivel de vida ha traído una mayor disponibilidad de alimentos, no todos de buena calidad, acompañada de un cambio sustancial en el estilo de vida (sedentarismo, televisión, etc.). Esto es muy preocupante ya que la obesidad infantil se asocia con mucha frecuencia a la obesidad en la edad adulta.


Por definición, la obesidad infantil es un exceso del peso esperado para la edad y estatura del niño, condicionada por un excedente de grasa acumulada en el cuerpo (tejido adiposo). El sobrepeso es el grado más bajo de exceso de peso y por tanto supone un menor riesgo de complicaciones.


Ante un niño con un problema de sobrepeso, es preciso intervenir en los hábitos, tanto de alimentación como de actividad física, para conseguir así revertir un posible avance hacia la obesidad

Muchos niños con obesidad se sienten rechazados


Muchos niños con obesidad o sobrepeso suelen percibir una pobre imagen de sí mismos experimentando sensaciones de inferioridad y rechazo. Por ejemplo, se ha observado que los niños de 5 años ya son conscientes de su propio sobrepeso, y perciben de forma despectiva parámetros importantes como su propio aspecto, su torpeza y bajas competencias físicas comparado con otros niños.


Además, la sociedad tiende a asociar la obesidad con comer en exceso y a culpabilizarle de su estado. Esta percepción social negativa provoca malestar emocional en las personas con exceso de peso, y lo hace de forma especial entre la población infantil, al ser más vulnerables a la opinión de su entorno próximo.


Muchos niños con sobrepeso u obesidad, padecen angustia e inseguridad y desarrollan baja autoestima

Causas de la obesidad infantil


Aunque podemos hablar de factores genéticos y de factores adquiridos, lo cierto es que ambos están muy interrelacionados, y no podemos saber individualmente cuál es el que más influye en la causa de la obesidad.


Factores genéticos en la obesidad infantil


El componente hereditario de la obesidad se comenzó a valorar en la primera década de este siglo, pero sólo en los últimos años se ha empezado a disponer de datos sobre los posibles genes involucrados en el desarrollo de la misma.





Se han hecho estudios en familiares, observándose que cuando los progenitores tienen un peso normal, el riesgo de tener hijos obesos es de un 14%. Si uno de los padres es obeso el riesgo aumenta a un 40%, y si los son los dos llega a ser del 80%. Asimismo, los estudios de obesidad revelan gran concordancia fenotípica (aspecto externo) para los gemelos homocigóticos (descienden de un mismo óvulo fecundado), son los gemelos idénticos, pero no es así para los dicigóticos (descienden de óvulos fecundados distintos), que son genéticamente distintos.


Causas ambientales en la obesidad infantil


Pero además de la predisposición genética, se necesita un ambiente propicio para el desarrollo de la obesidad infantil. Se puede tener una tendencia a sufrir obesidad infantil, pero no necesariamente desarrollarla, si el entorno no lo favorece. De ahí, la enorme importancia de la prevención temprana.


La comida ultraprocesada o comida “basura”


La comida ultra procesada ya forma parte de las despensas de muchos hogares. Su introducción suele iniciarse cada vez a más temprana edad, provocando que, desde muy pequeños, se aficione a los niños a sabores muy alejados de la comida real. Además de ser nutricionalmente muy precarios, son muy atractivos, incitando al niño a comer sin hambre, algo totalmente alejado de sus necesidades. El consumo excesivo de esta comida ultra procesada, puede derivar en un problema de obesidad infantil.


Los productos ultraprocesados solo aportan energía, sin prácticamente proporcionar micronutrientes, es decir, tiene una muy baja densidad nutricional. La consecuencia de una alimentación con este tipo de comida va a ser:


  • Al no recibir el organismo los nutrientes necesarios para su correcto funcionamiento, activa rápidamente mecanismos de reclamo de comida, lo que hace estar comiendo a todas horas

  • Además, transmite al organismo la idea de que está atravesando un periodo de escasez, con lo que se incrementa la ingesta y el nivel de grasa que considera necesario para la supervivencia.


Una alimentación rica en nutrientes, activa mecanismos de saciedad, haciendo que el sistema se relaje, y rebaje poco a poco la alerta, y con ella, el nivel de acopio necesario para la supervivencia. Por lo que elegir alimentos no procesados de calidad va ayudar al niño a sentirse más saciado a la vez que mejor nutrido, y además puede prevenir un problema de obesidad infantil en el futuro.


Ejercicio físico y actividades al aire libre


Las condiciones de vida actuales favorecen el sedentarismo y actividades lúdicas relacionadas con la tecnología (televisión, tabletas, ordenadores, videoconsolas, etc.) que demandan poco gasto energético, y además dejan mucho menos tiempo para la práctica de actividades al aire libre.


No debemos olvidar que el ejercicio y otras actividades en espacios abiertos, además de ayudar a aumentar el consumo energético y disminuir la masa grasa, contribuyen a una mejora en el desarrollo musculoesquelético y cerebral, protege el corazón, las articulaciones y aumenta la sensación de energía.

En niños con obesidad aporta beneficios en todas las fases del problema, ya que ayuda a prevenirla y a tratarla, y cuando se ha conseguido perder peso, a evitar su recuperación a largo plazo.


Pero los beneficios del ejercicio van mucho más allá. Los niños necesitan estar al aire libre, en contacto con la naturaleza y relacionándose con otros niños, ya que de este modo generan habilidades y valores que les van a ser de mucha utilidad cuando se hagan mayores. El niño necesita moverse para así descubrir nuevas experiencias a través de la observación y el descubrimiento en un entorno variable, algo que resulta muy difícil desde la silla de su habitación.





Además, la actividad al aire libre favorece el descanso nocturno. El niño que ha estado en la escuela la mayor parte del tiempo sentado, si mantiene esa actitud sedentaria, no va a lograr agotar su energía natural para poder llegar a la hora de dormir con las pilas descargadas, y con la necesidad de un reposo reparador. Una buena calidad de sueño es primordial para el buen rendimiento en cualquier actividad, tanto física como intelectual. Además, también repercute en el control de impulsos.

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